Gestionando emociones

gestionando-emocionesEl miedo, la rabia, la alegría y la tristeza son emociones que todos transitamos y que conforman una parte muy importante de nuestro desarrollo psíquico. Gestionando nuestras emociones de manera consciente podremos sentirnos en equilibrio con nuestra vida y con mayor serenidad.

Nuestras emociones están cumpliendo unas funciones que nos es importante reconocer y comprender. Se encuentran al servicio de nuestra conservación y de nuestra forma de relacionarnos y vincularnos socialmente. El hecho de no saber gestionar adecuadamente nuestras emociones nos lleva a un sufrimiento innecesario, es por eso que realizar un proceso terapéutico es muy importante para este aprendizaje.

Gestionando emociones para aprender a conocernos

Una emoción es básicamente una información que me permite reconocer cómo me siento aquí y ahora, en la situación presente y con el ambiente que me rodea.  Esta información representa una guía para saber cómo relacionarme con los demás y con la vida de acuerdo a lo que voy detectando que me moviliza de determinadas situaciones.

Es importante  aclarar que todas las emociones que sentimos son importantes y que cumplen su función para nuestro equilibrio. No hay diferencia entre las positivas y las negativas, simplemente unas de ellas son más agradables de sentir que otras.

En mi consulta de terapia veo mucha confusión al respecto. La importancia que tiene el aprender a gestionar y comprender cómo funcionan nuestras emociones es clave para tener un mayor sentimiento de plenitud y confianza en nuestras vidas.

Es cierto que hay situaciones en las que nos sentimos abiertos al mundo, positivos, con energía. Y, eso que se manifiesta con la emoción de la alegría es más agradable de transitar que los momentos de repliegue en los que la tristeza nos lleva a retraernos y a tener menos energía y ganas de compartir y relacionarnos.

Quisiera también agregar que las emociones tienen una determinada carga energética, como explicaba anteriormente. Por ejemplo el actuar de manera abierta y expansiva hacia el mundo hace que movamos un tipo de energía que tiene que ver con las emociones de la rabia y la alegría. Por el contrario, cuando nos retraemos y tenemos un nivel más bajo de energía estamos hablando de emociones de miedo o de tristeza.

Otra cosa a tener en cuenta es que las emociones son expresiones transitorias y dinámicas de ciertas situaciones que vivimos en determinados momentos. Es por eso que cuando una persona durante mucho tiempo está fijada en una sola emoción, por ejemplo la tristeza, estamos frente a alguien que no está pudiendo gestionar bien su mundo emocional y necesita ayuda terapéutica. Para un correcto desarrollo psíquico necesitamos transitar por todas ellas permitiendo que emerjan en los momentos y situaciones que son necesarias para nuestro equilibrio. Si por el contrario, a través de nuestros mecanismos de defensa las apartamos de nuestra conciencia, lo normal es que aparezcan trastornos y complicaciones que crean malestar y enfermedad.  Las emociones son vivencias internas que forman parte de nuestra naturaleza y que son comunes a todas las personas sin importar las diferencias culturales ni de épocas.

El trabajo terapéutico es fundamental para aprender a gestionar de manera adecuada nuestro mundo emocional. Ya que  no se nos enseña algo tan básico y necesario como esto, repetimos formas aprendidas de nuestros padres y educadores (que a su vez tampoco sabían cómo relacionarse con sus emociones) que no nos llevan a sentirnos bien.

Un breve resumen de las características más importantes de nuestras emociones:

Miedo: su función principal es la de hacerme consciente de la presencia de un peligro. Es una emoción de repliegue que nos permite advertir situaciones peligrosas y evaluar la capacidad que tenemos de enfrentarlas. Una correcta gestión del miedo y su previo reconocimiento son muy importantes para llegar a la prudencia. No hacerlo nos lleva al pánico o a la imprudencia y a arriesgarnos innecesariamente pudiendo sufrir daños que se hubieran podido evitar.

Alegría: Su función es abrirnos para vincularnos con los demás, es una emoción de apertura que bien gestionada nos lleva a un sentimiento de serenidad. Su correcta gestión requiere que seamos capaces de gestionar adecuadamente la frustración. Cuando no podemos hacerlo caemos en la euforia.

Tristeza: Es una emoción que nos lleva hacia la reflexión, la introversión y el repliegue. Nos lleva al pasado y a la pérdida de algo o de alguien que tenemos que soltar. En estos momentos es muy importante dejarnos acompañar por el otro ya que las pérdidas nos ponen en contacto con nuestra fragilidad.

Rabia: Su función es la de apartar de nosotros algo que nos molesta o hace daño. Es una emoción expansiva que bien reconocida y gestionada nos da la información de qué es lo que no nos está gustando y así poder poner un límite adecuado manteniendo nuestro espacio.

Verónica Civatti, terapeuta Gestalt en Barcelona (terapia individual, terapia de pareja y terapia famliar)