Relaciones saludables

relaciones saludablesPoder conectarnos con nuestra red de vínculos y conectar con ellos desde lo íntimo es uno de los anhelos más grandes en nuestra vida. Por naturaleza somos mamíferos y es por eso que tenemos necesidad de estar en contacto y vivir relaciones saludables.

Desde nuestra primera infancia sentimos ya este gran deseo, pero dependiendo del ambiente en el que hayamos crecido, las circunstancias que hemos vivido con nuestros padres y las personas con las que en un comienzo hemos estado en contacto, vamos a tener más o menos dificultades para poder vivir relaciones saludables.

Desde mi trabajo a través de la Terapia Gestalt en Barcelona observo que muchas veces las vías que las personas buscan para satisfacer esta necesidad son demasiado complicadas y emprenden caminos que más que acercarlas, las alejan de lograr una adecuada manera de relacionarse.

¿Por qué nos cuesta tanto establecer relaciones saludables?

Nuestras vivencias infantiles traumáticas han hecho que como adultos actuemos a través de mecanismos por medio de los que falseamos lo que realmente somos y sentimos demasiado miedo a mostrarnos desde nuestra verdadera naturaleza, a ser nosotros mismos. De esta forma es muy complicado que podamos mantener relaciones saludables y genuinas con los demás y por eso sufrimos.

Nos movemos en nuestro entorno revestidos de corazas y personajes aprendidos que nos llevan a ser cualquier cosa menos lo que en lo profundo de nuestro ser somos. Creemos que así lograremos ser finalmente queridos, si mostramos otras caras menos la que refleja lo que realmente somos. Copiamos posturas, nos adaptamos a prejuicios y modelos dictados desde nuestros entornos familiares, laborales, de amistades y que nada tienen que ver con nuestros intereses y maneras de pensar genuinas.

De esta manera nos perdemos en las murallas de nuestras defensas y de los automatismos y las alienaciones hacia donde nos conducen alejándonos cada vez más de nuestro Yo real, al que consideramos poco merecedor de afectos, atención, reconocimiento, cuidados…y largos etcéteras.

Cuanto más nos esforzamos por maquillarnos de la manera que creemos que gustaremos a los que nos interesan, menos podremos ser capaces de nutrirnos afectivamente de un vínculo real y sincero, lo que produce que nos sintamos cada vez más vacíos y solos. Y, hasta que nos demos cuenta del enredo en el que estamos metidos seguiremos poniendo más energías en cambiarnos, convencidos de que no somos suficientemente buenos, ni dignos de ser amados. Y, nuevamente buscaremos estrategias que nos dejarán siempre hambrientos e insatisfechos alejando de nosotros cualquier posibilidad de establecer relaciones saludables.

¿Qué es lo que nos sigue impulsando a evitar mostrarnos como verdaderamente somos? ¿Después de tantas vueltas, sabemos cómo es y cuáles son las necesidades de nuestro Yo auténtico? ¿Somos capaces de perder el miedo a mostrarnos vulnerables ante los demás sabiendo que finalmente desde aquí si podremos relacionarnos satisfactoriamente con los que realmente quieran y puedan aceptarnos?

Lo que observo día a día en mi trabajo es que cuando las personas se dan cuenta de que ya no saben cómo volver a ser quienes son realmente, comienzan un camino que los conduce a un total alivio y comprenden que la vulnerabilidad les conecta con la dicha, con la plenitud y que nada tiene que ver con la debilidad con la que la confundían en esos esfuerzos agotadores por falsearse.

La vulnerabilidad nos permite soltarnos, ablandar nuestras defensas, dejarnos caer confiados en que no pasará nada malo, mostrarnos ante los demás y descubrir que les gustamos, que nos quieren de esta manera porque nos ven como realmente somos, sin camuflajes ni miedo al rechazo. Es un estado que nada tiene que ver con la debilidad ya que es el que nos conduce directamente a nuestra interioridad auténtica. La debilidad en cambio en vez de conducirnos a la plenitud y el gozo es una situación de carencia que nada tiene que ver con este estado que experimentamos cuando nos abrimos a conectar con nuestra vulnerabilidad y que nos lleva directamente a sentir nuestra fortaleza. Justamente la fortaleza que nos trae porque reconocemos nuestra autenticidad, nuestra madurez, nuestra humanidad y fragilidad. Hay que tener mucho valor para eso y no es algo que nos enseñan o nos es accesible fácilmente en esta sociedad, es por lo que considero fundamental pedir ayuda a un profesional y comenzar una terapia.

Al contrario de lo que pensamos, cuanto más nos abrimos a esto más nos acercamos a mantener relaciones saludables con la intimidad, apertura, receptividad y afectividad que estábamos necesitando. Bajan nuestras defensas y las de los demás, los miedos disminuyen y la aceptación, confianza y autoestima aumentan, así como nuestra satisfacción y alegría. Al fin podemos mostrarnos de manera genuina sin esforzarnos por conseguir una perfección imposible para un ser humano, nos damos cuenta de que no somos tan malos ni dignos de rechazo como nos creíamos por ser quienes somos. De esta manera finalmente nos encontramos que nos relacionamos íntima y satisfactoriamente con los demás y a la vez, con nosotros mismos. Este es el comienzo de un gran cambio hacia el re-encuentro con nuestra esencia.

Verónica Civatti. Terapeuta Gestalt en Barcelona (terapia individual, terapia de pareja y terapia familiar)