Atrevernos a pedir ayuda

atrevernos a pedir ayudaEn estos días reflexionaba acerca de la dificultad que tenemos las personas de atrevernos a pedir ayuda y decidirnos a acudir a terapia. Durante mi proceso de formación como terapeuta Gestalt en Barcelona y desde mis 18 años cuando comencé mi proceso terapéutico, acudir a la consulta psicológica para mí fue algo vivido de manera muy natural. Con entusiasmo, compromiso, curiosidad, ansias de sanar…Ya tenía claro ya desde ese entonces que quería dedicarme a esto e impulsada desde mi vocación, significaba el comienzo de un camino de crecimiento y transformación que, si bien tuvo sus momentos duros, la mayor parte del tiempo fue un proceso liberador.

En mi consulta de Terapia Gestalt en Barcelona y observando los resultados positivos de este trabajo y, también desde mi pasión por esta profesión, transito el encuentro terapéutico con total disfrute y normalidad. Sin embargo, para muchas personas dar el primer paso, pedir ayuda y acudir a terapia es todo un esfuerzo y una lucha contra miles de resistencias y miedos.

Dificultades que surgen a la hora de pedir ayuda:

Algunas personas por ejemplo tienen la idea de que debieran poder lidiar solos con sus problemas y que acudir a un psicólogo es una debilidad o un fracaso que tienen que ocultar. Otras piensan que no tienen por qué contarle a un desconocido sus asuntos y que para eso están los amigos o los familiares. Hay quienes creen que tienen que estar en una situación límite para acudir porque sino para qué perder el tiempo y el dinero en esto o, quienes han tenido una mala experiencia con un terapeuta y creen que todos son iguales y que no les servirá. También los que creen que son personas fuertes que no necesitan de estas cosas, que pedir ayuda es para débiles…y largos etcéteras.

Siempre digo a mis pacientes cuando comienzan la terapia que pedir ayuda es una muestra de vulnerabilidad y esta es una de las cosas que más evitamos las personas. Aprendimos a esconderla, así como a la fragilidad. Sin embargo, la verdadera fuerza la encontramos cuando nos las vemos cara a cara con nuestra fragilidad y somos capaces de reconocer que necesitamos apoyo y acompañamiento terapéutico en algunos momentos de nuestra vida. La invulnerabilidad es una fantasía inexistente entre los seres humanos y proviene del miedo a mostrar nuestra fragilidad y a ser rechazados.

El gran miedo que observo en mis pacientes a través de mi trabajo no es tanto por lo que yo pueda transmitirles sino, por lo que van a empezar a descubrir acerca de ellos mismos. Comenzar a observarse y ver cómo interactúan con el mundo, con sus relaciones y establecer un diálogo interior sin máscaras desde una mirada distinta que les hace contactar sin rodeos con la realidad de su dolor y reconocer que, en gran parte, tienen la responsabilidad por el mismo. Ya sea porque lo están causando con sus acciones y actitudes o porque no están haciendo lo que les llevará a dejar de sufrir.

Desde la Terapia Gestalt decimos que siempre estamos eligiendo, hasta cuando elegimos no hacer nada. Es cierto que aparentemente parece más fácil hacer como que no pasa nada y no complicarse la vida con la terapia como piensan algunas personas, pero la experiencia me ha hecho comprobar y poder asegurar que sentarse delante del espejo que representa el terapeuta y aumentar el foco para observarnos a nosotros mismos trae sus recompensas y nos enfrenta a una transformación personal profunda que nos traerá frutos muy positivos para nuestra vida. Un paso importante para comenzar a asumir la responsabilidad por nuestro dolor, el sentirnos perdidos, frustrados o solos, es ser capaces de pedir ayuda. Tomar esta decisión es importantísimo y a su vez, muy complicado para la mayoría de la gente que no se encuentra conectada directamente con el mundo de la terapia o no conocen a alguien cercano que esté acudiendo.

En las primeras sesiones cuando comienzo con un paciente un proceso terapéutico observo que las personas se encuentran transitando momentos difíciles y normalmente con el sentimiento de estar perdidas, sin poder ver la salida. El acompañamiento por parte del terapeuta es fundamental en estos momentos de crisis para poder comenzar a trabajar estos asuntos en este espacio íntimo, sincero y sin juicio que se genera en el encuentro terapéutico. El proceso de ir perdiendo el miedo a contactar con el dolor es la mejor manera de evitar el sufrimiento que proviene justamente del empeñarnos en no querer contactar con el. El dolor se transforma, en cambio el sufrimiento se instala y se hace crónico hasta que nos decidamos a enfrentar nuestros asuntos de manera comprometida y en el marco de un espacio adecuado. La consulta terapéutica es ese lugar donde podemos abrirnos para realizar esa transformación sin ser juzgados, rechazados ni cuestionados. Al contrario, desde mi lugar de terapeuta te acompaño para ampliar la mirada, para descubrir el abanico de posibilidades que no estás contemplando y esas puertas que esperan ser abiertas, para acoger compasivamente tu dolor y tus miedos. El sólo hecho de comenzar a hacer algo para afrontar el dolor, pedir ayuda y acudir a terapia ya trae alivio. Siempre que nos decidimos por luchar por estar mejor y cambiar lo que nos está haciendo sufrir trae, inevitablemente como consecuencia, bienestar y plenitud a nuestras vidas. La terapia ayuda a encontrar el sentido del dolor y descubrir que teníamos que transitar esas experiencias para algo significativo en nuestras vidas.

Para finalizar quiero recalcar que el acompañamiento de un terapeuta, si bien es de gran ayuda, tiene que ir acompañado por una actitud de responsabilidad y compromiso por parte del paciente. La función del profesional es estar presente sin juzgar, proponiendo nuevas miradas, haciendo las preguntas adecuadas, ayudando al paciente a que se adentre por el verdadero camino que le está pidiendo su vida emprender. Pero, el cuerpo, el compromiso, las acciones adecuadas que conducirán al cambio, no los pone el terapeuta. No es su función ni le compete esta responsabilidad. Así, con paciencia y constancia el proceso terapéutico va ampliando la consciencia y nos lleva a tomar en nuestras manos la responsabilidad por nuestra propia vida, sabiendo que es una sola y que tenemos un tiempo limitado por lo que cuanto antes nos comprometamos con ella más rápido encontraremos la ruta que nos lleva hacia nuestro verdadero destino.

Verónica Civatti. Terapeuta Gestalt en Barcelona (terapia individual, terapia de pareja y terapia familiar)